FAQ

La diferencia radica básicamente en el origen de las materias primas, y en el respeto que para cada una merece el medio ambiente. La cosmética convencional, por ejemplo, utiliza ingredientes procedentes de la industria petroquímica, como las parafinas, siliconas o el propilen glicol, que no son biodegradables y son muy contaminantes.

Pero centrémonos en la composición de los productos:

CONVENCIONAL ORGÁNICA
Fase acuosa Agua Agua, aguas florales
Fase oleosa Siliconas, aceites minerales de la industria petroquímica (parafina, vaselina…) NO BIODEGRADABLES Aceites vegetales, mantecas vegetales, ceras vegetales. BIODEGRADABLES
Activos Sintéticos o naturales Extractos de plantas o frutas
Emulsificantes Origen sintético como PEG’s o PPG’s Origen natural, como alcoholes cerosos, lecitina, caolín
Texturizantes Polímeros sintéticos, EDTA Gomas vegetales, glicerina vegetal
Tensioactivos Aniónicos (SLS, SSL…) Glucósidos, derivados del coco
Conservantes Parabenes, fenoxietanol, formaldehído (liberadores)… Origen natural, vitaminas, aceites esenciales…
Colorantes Sintéticos Pigmentos minerales y vegetales
Perfumes Sintéticos o naturales A partir de aceites esenciales

EN ABSOLUTO. Todo lo contrario. La cosmética convencional abusa de ingredientes de relleno sin propiedades cosméticas para la piel, como parafinas, o siliconas, que únicamente consiguen “efecto de”, pero no nutren la piel, a diferencia de la cosmética orgánica, que en su fase oleosa utiliza aceites vegetales o ceras, con innumerables beneficios para la piel, pues están repletas de minerales, de vitaminas, de ácidos grasos, muy necesarios para la piel.


No, no, no y mil veces no. Queremos incidir mucho en este punto, porque nos consta que hay mucha confusión al respecto. El término “natural” no tiene ninguna regulación, no hay legislación, ni normativa alguna para decir que un producto es natural.

Cualquier cosa puede ser natural si le ponen un par de gotitas de una planta. Pero lo que no engaña es comprobar SIEMPRE el listado de ingredientes, ahí es donde nos damos cuenta enseguida del engaño.

La cosmética orgánica en cambio, tiene una serie de regulaciones si quiere certificarse como tal. Existen distintos certificadores que nos garantizan que un cosmético es natural, pero de verdad. Estos son, por ejemplo: USDA, Soil Association, Ecocert, Cosmebio, Icea, Bdih, etc…

Acostumbraos a mirar los listados de ingredientes para no caer en el engaño de lo “natural”.


También la cosmética orgánica utiliza conservantes, son necesarios para mantener los cosméticos libres de bacterias, pero utiliza ingredientes inocuos, de origen vegetal, e incluso aceites esenciales.


Depende del producto, pero normalmente sí, el tiempo de caducidad es menor, pero el suficiente para mantener el producto en perfectas condiciones hasta terminarlo. También la cosmética orgánica aboga por un consumo responsable. Si compramos un producto, lo terminamos, y compramos otro; no dejamos abierto un producto y nos llenamos con muchos otros. Ésta es la única razón que se nos ocurre para necesitar que un producto dure abierto más de un año.


En ese sentido, hoy en día la cosmética orgánica no tiene nada que envidiar a la cosmética convencional, porque hay muchísimos laboratorios que están haciendo las cosas bien, y ponen a nuestro alcance cualquier producto que podamos imaginar ¡Hay de todo!


No es que las grandes industrias quieran envenenarnos, se trata simplemente de rentabilidad, y de continuar con una forma de trabajo que llevan más de 50 años utilizando y conocen perfectamente. Los parabenos, parafinas o PEG’s son ingredientes muy baratos que hacen sus productos muy rentables. Lo peor de todo es que estos ingredientes baratos los encontramos tanto en cosméticos baratos como cosméticos de alta gama, a precios desorbitados. Este hecho es, en nuestra opinión, mucho más indignante que el propio uso de los ingredientes.


El tema del gusto y las sensaciones es algo muy personal, pero ten en cuenta que la toxicidad de los ingredientes no tiene nada que ver. Las parafinas (derivados del petróleo) por ejemplo, tienen una buena textura, y un alto grado de tolerancia, y sin embargo se nos pueden acumular en los riñones cuando las ingerimos a través de los labiales, o de los productos de higiene íntima. La cosmética orgánica consigue hoy en día sensaciones igual, o más placenteras que la cosmética con siliconas y parafinas, sin los peligros que éstas conllevan.

De todos modos, si hay algún producto que eres consciente que no está libre de tóxicos, pero te encanta, puedes empezar a librarte de tóxicos sustituyendo otros productos. Ten en cuenta que según estudios, las mujeres utilizan una media de 12 a 18 cosméticos al día, por lo que tienes muchas opciones para ir cambiando gradualmente.


Es la mejor alternativa. Ten en cuenta que con la cosmética orgánica nos libramos de los alérgenos e irritantes típicos, como los parabenos o los perfumes sintéticos, entonces ahí ya ganas mucho. Si bien es cierto, la cosmética orgánica no te va a librar al 100%, ni te podemos garantizar que no te dé reacciones alérgicas, puesto que hay personas alérgicas a algunos vegetales, por muy naturales que sean. Un ejemplo: las personas alérgicas a los frutos secos, que son buenísimos, pero no para ellas.


La cosmética orgánica no trabaja con los irritantes típicos, como parabenos, perfumes sintéticos, o limpiadores agresivos, ni con agentes hidratantes derivados del petróleo, que a la larga, les reseca la piel. Es importantísimo aportarles una hidratación adecuada, así como evitar irritantes. Los aceites y mantecas vegetales son una muy buena forma de hidratación emoliente, que les protege las zonas más propensas a sufrir brotes.


Cuando hablamos de tóxicos hay que ver dos vías en las que nos perjudican, la primera es la tópica (la piel) y la segunda y más importante es la que no vemos, es decir: la cantidad de sustancias nocivas que penetran en nuestro organismo y se acumulan en nuestros órganos, células y sangre.

Es cierto que los primeros usuarios de este tipo de cosmética sin tóxicos suele ser gente con problemas cutáneos, ya que los productos orgánicos (a no ser que se tenga una reacción a un producto de la naturaleza como las almendras, camomila,…) son especialmente indicados para ellos, ya que no contienen los principales alérgenos que son los perfumes sintéticos, colorantes artificiales y parabenos. Pero nuestra filosofía va más allá, y es dar a conocer las bondades de este tipo de cosmética a todo el mundo en general, y nuestra experiencia nos demuestra que el cambio es algo que agrada a todo el mundo que se anima a dar el paso y a abandonar la cosmética convencional. Es más, nosotros pensamos que la cosmética debería ser toda sin tóxicos, y que no hubiera esta distinción.


Depende, hay muchas marcas que fijan el precio sólo en base al mercado al que se orientan y no al valor del producto en sí mismo. Es cierto que hay productos más complejos, completos e innovadores que sí tienen un precio mayor, pero nosotros siempre abogamos por elegir el producto que mejor se ajusta a lo que necesitamos independientemente de cuál sea su precio.


Como siempre, depende, la confianza cosmética sólo la pueden aportar los ingredientes. Son much@s los que se llevan las manos a la cabeza cuando son conscientes de la composición de los productos que tan alegremente compraban en establecimientos de “garantías”.


No, ese símbolo simplemente indica que el producto no tiene ningún ingrediente de origen animal y que es apto para la gente que sigue una filosofía vegana y así puedan reconocerlo fácilmente. Son productos válidos para todo el mundo sin excepción.