Cosmética sin tóxicos

En Clementine vemos la cosmética como un complemento a un estilo de vida saludable; a veces se utiliza como rutina de higiene (geles, jabones, desodorantes…), otras por necesidades específicas (cremas para manos muy trabajadoras, protectores solares, cremas de pañal…), muchas personas la usan para tratar patologías de la piel (dermatitis, psoriasis, rosácea…), y la mayoría de las veces, se utiliza por puro placer.

En cualquiera de los casos, sea cual sea el uso que les demos a los productos cosméticos, en Clementine no concebimos que un producto cuya finalidad es ayudarnos de una u otra forma, contenga ingredientes dañinos y peligrosos. Éste es nuestro punto de partida y la cosmética que nos lo garantiza es la orgánica.

La cosmética orgánica además de no utilizar ingredientes peligrosos y de relleno (como los derivados del petróleo y las siliconas, que no tienen propiedades cosméticas), tiene como base la utilización de gran cantidad de extractos de plantas, aceites vegetales y esenciales; no hay por qué añadirle principios activos con pomposos nombres creados por un departamento de marketing. Por ejemplo: el alto contenido en ácidos grasos y vitamina E del aceite de oliva es un hecho, no hay que inventarse nada; o el gran poder antioxidante de las bayas de café, o las propiedades antisépticas del aceite esencial de limón; la naturaleza nos regala todo lo que necesitamos, por eso, también la cosmética orgánica tiene como prioridad absoluta el respeto por esa gran fuente de vida que es la naturaleza.

Por ejemplo: en el mundo se utilizan cada día millones de envases que terminan en la basura, por lo que la cosmética orgánica trabaja con envases que sean reciclables, con cartón reciclado o con la mínima cantidad de pegamento posible. En cuanto a los ingredientes, también deben ser biodegradables, a diferencia de la cosmética convencional. ¿Te has parado a pensar cuántos litros de agua contaminada con filtros solares químicos, o siliconas, o derivados del petróleo, acaban cada día en nuestros ríos y mares, afectando al ecosistema marino?

Ellos también forman parte de la naturaleza: los animales. En Clementine nos preguntamos por qué los animales tienen que sufrir las atrocidades de los caprichos del ser humano. Por supuesto, la cosmética orgánica no testa con animales.

La cosmética orgánica trabaja también con agricultores cercanos, para impulsar las economías locales y enriquecer a su propia gente. Cuando tienen que buscar plantas que se dan mejor en terrenos concretos, como el aceite de argán de Marruecos, o las Henna de La India, firman acuerdos de comercio justo con dichos productores.

En definitiva: el uso de cosmética orgánica forma parte de una filosofía de respeto por nosotros mismos, por nuestros semejantes y por nuestro entorno; la cosmética tradicional ya no es una opción mientras entre sus valores prime la rentabilidad por encima del respeto.